La Diablada de Pillaro es una celebración popular que ha crecido en la última década. Según cuenta la historia, en épocas coloniales los indígenas se disfrazaban de diablos en repudio a las prédicas sacerdotales y al maltrato físico, psicológico, económico y moral que recibían de los españoles.
Los diablos de Píllaro son los personajes populares de esta fiesta. Ellos visten atuendos especiales cuya confección es el resultado de mucho tiempo y esfuerzo. Sus máscaras son elaboradas artesanalmente, su base principal es un molde hecho en bloque de tierra a la que se le adhieren varias capas de papel cauché empapadas en engrudo, y que se la deja al sol para que adquiera dureza. Luego añaden cuernos y dientes de diferentes animales como cabras, venados, corderos, toros; se le da colorido en varias tonalidades sobresaliendo el negro y rojo.
El atuendo está compuesto por un pantaloncillo rojo que va hasta la rodilla con flequillos dorados a los filos, la blusa o capa roja con filos bordados y flecos dorados. Las medias rojas ayudan a integrar a lo largo el color infernal y las zapatillas mantienen ágiles los pies.
Estas festividades se realizan por las principales calles de la ciudad con un desfile lleno de baile y bandas de pueblo que recorren al son de sanjuanito, saltashpa, tonada y pasacalle. Cada comparsa representa su cultura y tradición acompañados de guarichas y capariches.
Es así que la diablada pillareña reúne a decenas de familias de este cantón, que incentivadas por el ejemplo de sus ancestros, cada año son parte de este evento cultural, y que son ejemplo a seguir por parte de niños y adolescentes de la zona.


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